Nos medimos en resultados, no en adjetivos. Tres primeros regionales, cada uno fechado y verificable, el lastre bajo cada promesa que hacemos.
Es solo el nombre que le damos a lo que aún no ha sido conquistado.
Cada una de esas fechas fue, en su tiempo, motivo de risa. Cada una exigió un instrumento a la altura de la pregunta. Nuestra época no es diferente, solo más rápida. Y el instrumento, ahora, es la computación acelerada.
Los transistores de punta ya se miden en puñados de átomos de silicio, la escala del ångström, una décima de milmillonésima de metro. Trabajamos en la frontera donde la ingeniería toca el límite de lo que permite la materia. De ella extraemos las herramientas que entregamos al científico del descubrimiento.
El primer data center definido por software (SDDC) académico de Brasil, infraestructura definida y orquestada en software, construida para cargas de investigación.
La primera red metropolitana óptica coherente 400G académica de las Américas, el tejido óptico que interconecta sitios de investigación a la velocidad de la luz.
El primer benchmark CUDA Quantum en GPUs de Brasil, computación híbrida clásico-cuántica validada en hardware acelerado.
La misma arquitectura que mide el cosmos modela la molécula. Nuestras pruebas abarcan todo el rango científico, física, redes y cuántica, porque el descubrimiento no respeta fronteras disciplinarias.
La misma curiosidad que permitió a Vera Rubin pesar la materia oscura que mantiene unidas a las galaxias, y a Rosalind Franklin leer la estructura de la vida en una imagen de difracción, es la que aceleramos: del fotón que transporta el dato al exascale que lo resuelve.
Computación acelerada para física de altas energías, astronomía y simulación a escala.
Óptica coherente y tejido metro que vuelven sitios distantes un solo instrumento.
CUDA Quantum en GPUs, el horizonte ya validado en el laboratorio.